Solo en una oportunidad acepte arrojar las monedas del I Ching, un poco por cortesía con quien me encontraba en ese momento; pero decididamente por lo que me encontré en la primera hoja del libro: el poema de Borges que encabeza este blog. El I ching o libro de las mutaciones es un libro oracular, enigmático, y supone un universo regido por el principio del cambio. No me quedó ni un recuerdo de aquellos oscuros párrafos que me leyeron del libro y que resultaron señalados como efecto de una extraña combinatoria de tres monedas arrojadas. Pero el título del capítulo leído se enlazo con algo: "El andariego" y he aquí el encabezamiento de estas notas escritas en viaje. Las entradas están ordenadas por país y en orden cronológico. En el cuerpo central están los escritos realizados a medida que se avanza en el camino. A izquierda fotos del lugar, curiosidades, sucesos del viaje y anécdotas. Las páginas están ordenados por país de algunos de los cuales solo hay registro fotográfico.

Nepal

Katmandu - Baktapur - Patan - Pashupatinath - Boudha - Gorka - Bandipur - Sunali - Pokara -Baiwara

Katmandu


Namasté (saludo a la divinidad de tu interior)

Cuarto día en Katmandú, mucho aquí en la calle es rezo y oración. Parece que los dioses no son conceptos remotos ni abstractos, mas bien seres presentes y muy influyentes; cada esquina, cada recodo de esta ciudad tiene un altar con su campana al que muchas veces budistas e indues rezan al pasar.
No solamente hay stupas, toles, gompas, placas, santuarios, templos, monasterios, imagenes, pilares, estatuas, relieves,altares, fuentes y estanques a cada paso que uno da en un espacio totalmente irregular donde no hay manzanas, ni veredas ni dirección para los autos ni nombre para las calles apenas algún semáforo en la avenida principal. Hay mercado.

Cada espacio, cada entrada en gran parte de la ciudad es lugar para mostrar lo que uno vende. Especies, tes, ropa, telas, piedras, adornos, legumbres, verduras, relojes, camaras, comida. Se puede pasar horas caminando por estrechos pasillos que dan a plazas escondidas donde hay mas y mas vendedores. Abren sus pequeñas puertas donde hay que agacharse para entrar y se sientan a esperar, acomodan sus balanzas o cocinan o sacuden con alguna tela sus productos intentando limpiarlos.

Todo es en la calle, pero pocas calles tienen un sentido definido, el que tiene una dirección se dirige hacia ella en auto, bicirrikshaws, moto, bicicleta o caminando por donde el camino lo permita, no hay peatones ni conductores.
Hay así un orden a descubrir.

Si se intenta entenderlo, se vuelve caótico.

Si se intenta comprenderlo se vuelve angustiante.

Si se intenta desafiar te encontrás ignorado.

Bandipur


En cada ciudad, o cada pueblo sucede algo similiar y es facil observarlo cuando se es espectador. Escribo estas lineas mirando un viajero que esta poniendo sus pies por primera vez en este lugar. Mira, observa, descubre, se deja impregnar por su aire, aqui es muy facil. Se entra solo por una calle ya que no hay otra manera de subir la montania, el "colectivo", una diminuta camioneta donde todavia no me explico como entran 12 almas sentadas y 5 colgadas, termina su camino a la entrada del pueblo.
Cuando pregunte porque no hay autos ni siquiera motos me preguntaron:
-para que?
-y para....

Es que al entar por esa calle la unica empedrada, sin autos, sin motos ni bicicletas; con la gente afuera, porque el afuera de su casa es aqui dentro de su casa, aparece el desconcierto. Casas abiertas de tres plantas, abajo el negocio arriba el resto. La calle central se bifurca en cuatro de tierra en diferentes direcciones de acuerdo a como lo permita la montania. Zigzaguean subiendo y bajando, al alejarse unos pocos metros las casas son mas sencillas, sin el exquisito tallado de madera medieval ni los ladrillos de las primeras pero indudablemente con el mismo espiritu.

Con la puesta del sol la aldea se apaga, hay electicidad pero no hay alumbrado publico; solo en un sector se puede ver ya que hay un encargado de prender las velas alrededor del pequenio templo que esta al final de la calle frende al unico bar abierto y que tiene la exclusividad de la conexion telefonica a internet y...cierra a las 11 de la noche. Arriba, arriba, arriba, siguiendo una calle y subiendo unas largas escaleras el cuarto de hotel.

Aqui todo es a pie, la lenia para la cocina, el hospital, el vecino, el colegio, los amigos. En las agotadoras recorridas por los alrededores bajando y subiendo empinadas montanias es facil encontrarse con mujeres que cargando grandes trastos de lenia u hojas. Arman una especie de mochila que cuelgan de su cabeza que debe pesar mas de treinta kilos. En un descanso de una de las interminables escaleras que tiene este lugar, digo interminable porque 45 minutos de escalones se vuelven interminables; al cruzarme con un grupo de mujeres que estaban subiendo intente cargar sonrientemente un manojo de lenia. Imposible levantarlo mas de 10cm del suelo bajo la risa, ahora si burlona, de las ocacionales espectadoras, opte por la foto.

El escenario arma asi ese desconcierto que vi reflejado en aquel viajero que llegaba. Primero al arribar, por esas pocas calles con casas bajas a sus costados adornadas con increibles tallas de maderas y ladrillos. Luego a los dias por descubrir y entender la forma en la que viven; sin luz en las calles, sin television, sin internet pero seguramente con otras cosas.
Luego las preguntas, pero preguntas solo nuestras:
No se les ocurrio....porque no...? no seria mas facil si.... pero?....si....para que?...

Como hasta ahora las preguntas solo nos alejan de ellos.Es solo ver el trabajo de subir un manojo de lenia durante varias horas y sentirlo de alguna manera injusto, las puertas abiertas de las casas, la luz de las velas que se encienden al atardecer en el templo y son la unica iluminacion en la calle, los chicos jugando con trompos caceros de madera, los adolescentes sonrientes en la calle.

Gorka

Aqui nacio de alguna manera este pais. Es que hasta mediados de 1700 estas tierras eran un conglomerados de pequenios reinados, es especial en el valle y Gorka era solo un minusculo reinado pero habitado por gente muy brava.
Un dia el rey indu, (de la casa de los Shah que aun estan en el trono) penso en ampliar sus tierras y en unir Nepal; luego de varias batallas, de cortar 120 libras de narices y labios y de aprovechar una festividad con borrachera generalizada llega a Katmandu estableciendo alli la capital. Con el tiempo empezo a expandirse e intentar avanzar hacia India. Alli se enconto el Raj (imperio ingles en la india), que era administrado por la Compania Britanica de las Indias Orientales que por supuesto tenia su propio ejercito.
Los britanicos luego de dos anios terminaron ganando la guerra pero no invadieron Nepal prefirieron mantenerlo como estado de manera de no tener enfrente a los chinos. Todavia hoy con orgullo comentan que nunca fueron colonizados como sus vecinos los indios.

Los vencedores quedaron tan impresionados con sus contricantes que inmediatamente firmado el acuerdo entre las partes contrataron a los gurkas en su propio ejercito,...que plasticidad!
Todavia hoy hay un descamento del ejercito ingles para el reclutamiento de gurkas, es que la motivacion es economica, en estas tierras los habitantes pobres viven con una libra diaria y estos soldados ganan mas de 1000 al mes, pension y ciudadania britanica al retirarse. Se entiende porque en esta muy pequenia ciudad, sencilla y muy poco propicia al dialogo aunque muy respetuosa, hay una cantidad desproporcionada de locales para envio y recepcion de dinero.

Mantienen una costumbre, la de los sacrificios; si bien la fecha no coincidio (octavo dia de luna menguante del calendario lunar) segun las pocas palabras que el recepcionista del hotel estuvo dispuesto a darme el espectaculo es bastante tetrico y el ambiente se pone...con tension. Originariamente los sacrificios eran humanos y se los ofrecian a la esposa de Shiva, hoy con la modernidad frente a ellos, son cabras y bufalos.

Pashupatinath

A lo lejos, desde el camino se ve el humo negro de la muerte que arde, al costado el sagrado rio Bagmati. Alli hay un complejo de 5 templos indues, los mas importantes de nepal; el templo central al cual solo los indues pueden entrar se levanto en honor de uno de sus dioses: Pashupati.
Los nepaleses creen que este dios tiene una atencion especial para con ellos asi que el propio rey antes de algun evento importante o de comenzar un viaje va para recibir la bendicion del dios.
Tambien estan las "residencias" de los sadhus que en sus cuevas donde viven aconsejan a cualquiera que se acerca. Hoy parece ser un dia dificil para muchos, se ha formado una gran fila. Ermitanios y sabios para la comunidad son los unicos autorizados en nepal a fumar hachis.



Sobre el rio estan los ghats; un puente divide la zona en dos sectores, al norte son los destinados a los pobres, al sur para aquellas personas que pueden pagar. Los ghats son unas plataformas rectangulares que se levantan a la orilla del rio y donde se arma la pira crematoria. Son cinco de cada lado, y se ordenan de acuerdo a la casta. La primera plataforma corresponde a los brahamanes, luego los chatrias, le siguen los kshatriyas luego los vaishyas y por ultimo los sudras. Hay un escalon abajo los dalits o intocables (en india el gobierno para mejorar su situacion les reserva puestos de trabajo en el estado) estos son enterrados.
La tradicion para los familiares hombres es vestir de blanco y pelarse. Son los encargados de armar la pira y de prender el fuego que comienza por la boca, aunque tambien se ven algunos profesionales.Luego cuando solo cenizas quedan las empujan al rio.
Abajo y a lo largo de las plataformas se ven a los dalits en busca de algun diente o anillo, mas a lo lejos algunos remojando su cuerpo en un banio sagrado.
Dentro del complejo hay varios hogares para ancianos donde todavia se puede observar algunas mujeres con mutilaciones en su oreja o nariz; esta practica reemplazo (en algunos casos y por poco tiempo) a la del sati; por el cual se esperaba que la mujer se lanzara a la pira funeraria de su marido; la corte de justicia a principios de los anios 20 la prohibio de ahi que algunas mujeres optaran por cortarse; la costumbre que se mantiene es la de esperar que la viuda se case con el hermano y la propiedad pase a sus hijos. Los hogares no son mas que un lugar para esperar la muerte, es que los indues quieren asegurarse no solamente la cremacion sino que sus cenizas terminen en el rio sagrado.



Patan - Bodnath (Nepal)

Merece empezar este post sobre dos lugares Patan y Bodhnath con algunas menciones a la poblacion de este pais.
Nepal es un pais multicultural, un mosaico de pueblos que no sin guerras han aprendido a convivir. Aqui se encontraron los pueblos indoarios y mongoles. Se podria decir que hay tres zonas culturales. Los himalayas al norte, el valle en el centro y el terai o llanura con zonas de selva al sur.
Por el sistema de castas cada grupo etnico se ha mantenido casi sin intercambio con otros grupos. Para tener una idea en el Himalaya estan los bhotiyas, (los mas bajos en la casta) los thakalis, los tamangs, los tibetanos, los sherpas. En el valle, (katmandu, patan, baktapur, Boudhanat, etc estan los newars, los gurungs, los magars los bauns etc. En el terai los tharus, los sakyas, los kamaiyas etc.
Cada grupo tiene su lenguaje, vestimenta, constumbres y sus formas de habitar.
Las casas en las aldeas newars que he visitado son bajas, no tienen mas de metro ochenta de altura. Para entrar hay que agachar la cabeza y no es extranio que dentro tambien.
Los ricos contruyen casas de ladrillo de hasta cinco pisos, todos bajos. Tienen un simbolismo importante ya que la casa se purifica a medida que se asciende en cada piso. La planta baja se usa para el negocio, (sentarse para tomar un te por ejemplo) el primer piso es el dormitorio, el segundo es el lugar activo de la casa, algo como la sala de estar, el tercero es la cocina y el comedor, luego la terraza. Todavia las casas se encuentran alrededor de un Chowk, que viene a ser un patio con la canilla de agua que por supuesto tiene su pequenio templo.

Ya de vuelta en Nepal la direccion es al oeste.

Patan.
Es una clasica pequenia ciudad newar como describi en Bhaktapur, pasajes que dan a plazas, pequenios corredores a cuyos lados se construyen las casas, canillas o aljibes, templos a cada paso donde la gente al salir de su casa pasa y reverencia o dice alguna plegaria. Tambien se encuentran los "estanques" grandes piletas, a veces de una manzana que todavia no llego bien a comprender su uso, seguro en el pasado.

Bodhnath
Esta a una hora de Katmandu, soportando un trafico caotico, con paradas del colectivo para cargar nafta, saludar a algun amigo, e ir al banio (siiii el chofer paro la caja donde viajabamos 10 personas donde la cabeza chocaba con el techo, dijo un minuto subio un pequenion monticulo de tierra y lo uso de banio) se puede ver la diferencia ya que esta pequenia ciudad es tibetana una gran stupa en el centro (luego explicare lo de la stupa). Todos caminando alrededor y las casas que se van construyendo sin patios, ni plazas ni canillas en cualquier lugar dibujando poquenios pasajes o grandes calles de acuerdo a donde cada uno armaba su hogar.
Bodhanth tradicionalmente tibetana recibio en los sesenta gran cantidad de refugiados que venian del tibet perseguidos por los chinos.
Aqui se vuelve a sentir el aroma al te de yak y se ven los sonrientes monjes a cada paso.

El proximo destino sera la pequenia ciudad indu de Pashupatinath que se encuentra a orillas del rio sagrado Bagmanti que desemboca en el Ganges, alli se encuentran los ghats; monticulos para incinerar a los muertos y donde es posible tambien darse un banio ritual, luego habra que ir al hospital porque el Riachuelo es Disneylandia.

Bhaktapur

Bhaktapur
Estaba decido a empezar este relato describiendo a esta ciudad a partir del recuerdo de la serie El tunel del tiempo”. Jugando que en realidad no habia tomado un colectivo que me dejo luego de dos horas de viaje casi en el limite del valle, sino mas bien que ese destartalado micro era una nueva version de esa magica maquina que siempre, y creo aun hoy me cautivo.



Ahi estaba, en una pequena ciudad, la tercera de Nepal donde no hay autos, ni trafico, solo algunas motocicletas que supongo reemplazaron no hace mucho tiempo y solo por practicidad al caballo. No se trata de un proyecto de eco-ciudad libre de humo, ni una neo-polis-verde y humanista ni un montaje turistico con personajes que recorren las calles vestidos como sus antepasados y que sonrien y saludan al paso.





















Tampoco de una ciudad pobre y olvidada donde los habitantes sacan el agua de aljibes esparcidos por toda la ciudad, que llenan sus vasijas de laton desde algunas canillas o lavan su ropa en los estanques publicos o se encuentran a fumar y hablar en los “toles” o en pequenas plataformas que muy cercanas unas de otras se encuetran a cada paso.

Es dificil ver Asia desde Buenos Aires y no preguntarse porque a nadie se le ocurrio prolongar esa canilla a su casa y evitarse la molestia de tener que ir por agua. Es dificil no preguntarse como ese paisaje se contradice con los maravillosos palacios y templos construidos hace cientos de a~nos.
Seguramente las preguntas me alejan de la respuesta. Tal vez ni siquiera haya que preguntarse ni responderse como es nuestra repetitiva constumbre.



Pense en empezar por el `tunel` y ciertamente Bhaktapur los tiene. Hay tuneles,... estan por todos lados. Son bajos (apenas pasa uno la cabeza) angostos y comunican calles, patios, templos, casas, gente. Hay que adentrase en ellos despojado de temor o prejuicio. Mas bien uno es el centro de la desconfianza al cruzarse con los habitantes del lugar. Es algo asi, se transita por la calle y se encuentra como una pequena abertura donde alguien entra; el final, incierto en los primeros pasos, es una gran plaza rodeada de casas y con un templo.

Hay tuneles y hay tiempo,… cuando pregunte por un horario hubo cierta obviedad en la respuesta, ~abrimos al amancer cerramos cuando el sol se oculta~.

Relato II - Nepal - Movimiento

Acompaño la ola de gente siguiendo las sucesivas direcciones que van marcando. En el camino personas rezando en pequeños templos, o frente a imágenes, calles donde autos, motos o bicicletas van en el sentido que necesitan y no en el impuesto por una flecha, algunas vestimentas extrañas, bullicio, comida callejera, ofertas de todo tipo.
En los bolsillos: el inútil mapa, la cámara, algo de dinero, y algo mas: un reloj. A esa altura la única referencia conocida que queda, casi mi última esperanza. Unos días antes y por primera vez en mi vida había comprado uno después que en mi adolescencia dejara de funcionar uno de esos regalos familiares que de alguna manera te introducen ritualmente en nuestro mundo concocido.
En los bolsillos también algunas frases escritas en signos desconocidas que pedí me escribieran antes de salir del hotel.
Miro esa hoja arrancada de la libreta de viaje, así empezó a escribirse: arrancando una parte y trazando como garabatos palabras ocultas en extrañas líneas curvas y rectas sin puntos, comas o espacios. Los primeros registros en ella eran incomprensibles para el que se suponía debería ser su cronista y contenían mucho mas que una dirección, necesitaban para que funcionaran de mi confianza.
Qué dirían esos signos? Cuantas cosas podrían estar escritas mas allá de mi voluntad y de mi comprensión en un lenguaje que en su origen cuando necesita negar no utiliza el “no” porque carece de esa forma discursiva.
No hay otra opción, he perdido algo y solo me queda confiar.
La caminata se transforma en un pequeño viaje a un templo en una colina cercana. Al rato me detengo aceptando la oferta de un té callejero, por lo visto a cambio de que el oferente sacie su curiosidad con el extraño y practique su inglés. Al tiempo la escena comienza a cambiar, menos gente, puertas que se empiezan a cerrar, pasos que se apuran.
Salvo por los puntos de inicio o final de los recorridos, aquí no hay paradas de colectivo, muy pocos tienen alguna identificación; el sistema se basa en los gritos que el cobrador del pasaje emite colgado del estribo anunciando el punto al cual se dirigen, por eso es necesario mi pequeña hoja de garabatos lineales.

Creo tener en mis bolsillos lo necesario. Antes de despedirme de mi interlocutor le pregunto sobre cómo moverme para mi tranquilidad en la vuelta, nada especial, como llegué debía volver sin precaución alguna. Miro el reloj, considero que hay tiempo, puedo caminar un rato más aprovechando incluso que alrededor el movimiento comienza a apaciguarse.
Así que, ya en el último intento de prolongar la conversación, le pregunto por su hora de cierre, y a qué hora pasa el colectivo para el regreso.
La respuesta se expresa como obvia: - “Cuando baja el sol”.
¿Y a que hora es eso? - le pregunto mirando mi reloj
La respuesta no deja de ser obvia: no lo sé dijo tranquilamente.
Miro al cielo, en los huecos de las bajas casas solo se ven nubes.

Relato I Nepal - Laberinto

Laberinto
¿Intentaría pedir ayuda? ¿Me pararía en una esquina con el mapa abierto mirando no sé qué a no sé dónde, a la espera de que algún transeúnte se apiade y se acerque? De puro orgullo desisto de la idea, pero el desasosiego se apodera mí: no puede ser me digo. Cautivado por ese montón de diferencias vuelvo al mapa, todas las referencias están más o menos en su lugar, algunas se pueden localizar. Camino, voy y vuelvo buscando, pero al intentar encadenarlas para encontrar y encontrarme en el punto en el que estoy, nunca coinciden. Cada una es hallable por separado pero no puedo unirlas para localizar dónde estoy en este espacio.
Un mapa, una flecha, un GPS funcionan para localizar sitios que solo existen cuando el que los necesita los constituye, usa y habita. Cuando esta práctica subjetiva es compartida el resultado es ese efecto por el cual si por arte de magia cualquiera de nosotros apareciera en un barrio de una ciudad desconocida aún cuando hable otro idioma, entendería su lógica, porque las formas de construcción espacial son compartidas; y porque como efecto de retorno me reconozco en un espacio. En ese caso a lo sumo podría perderme, es decir equivocar, como puede pasar en Buenos aires, el rumbo.
Es necesario volver a plantear la circunstancia. Sé como volver al hotel, fui tratando de dejar pequeñas miguitas de recuerdos en el camino; a esa altura no sería un problema es el mediodía y hay tiempo. Pero ¿cómo es posible que todo esté en su lugar y al mismo tiempo no lo encuentre? Es que no veo los puntos en el mapa? Si están ahí ¡! Diría solo que puedo mirarlos.
Intento vanamente comprender algo de lo que aquí sucede.
Tengo que admitirlo estoy extraviado. No se trata del problema de cómo regreso seguro ni de un rumbo equivocado sino de algo para lo cual no encuentro palabras. Es un efecto instantáneo, me pregunto quién o qué es el extraviado, ¿es mi cuerpo, errante por pasajes llenos de vendedores que se acercan y con gestos grandilocuentes me invitan a comprarles? ¿Es mi raciocinio el extraviado qué no llega a armar una escala con los puntos de referencia en un mapa? ¿Será qué mi cuerpo llegó hace unas horas y mi alma todavía está en camino atrasada en alguna añoranza?
Podrá ser así me digo y me dispongo a deambular y errar mientras miro, escucho, huelo.
La calle es un espacio lleno de estímulos que parecen desordenados y caóticos: bocinas, gritos, olores, roces. La tracción es a sangre, la mayoría camina o se sube a “taxis” que por pocas rupias y mucho pedaleo te trasladan sin importar la distancia o la pendiente. En la avenida central pequeñas furgonetas anuncian a bocinazos y gritos sus destinos, parecieran que van rápido, pero no es así ya que nada los apura. Todos de alguna manera esperan, hablando, meando o escupiendo. Impresiona esa costumbre. Un vendedor respetuoso y correcto, el mozo de un pequeño café, la estudiante que aguarda, todos, sin distinción, escupen una y otra vez frente a mi atónita. Muchas veces despiden de sus bocas una extraña amalgama de color rojo que preparan envolviendo un polvo en una pequeña hoja como de parra; al hablar o sonreír su boca se muestra pintada y sus dientes coloreados, parecen sangrantes. Las calles, las paredes están llenas de manchas rojas. Con ese mismo tinte de gusto incierto y levemente alcalino marcan sus imágenes callejeras y sus frentes como una ofrenda a los dioses. Eso sí a la entrada de mi bodegón preferido un pequeño lavabo, escala obligada si no se quiere ser mal visto ya que la comida se sirve y se ingiere sin cubiertos, con la mano. Este modo para mí siempre tentador y exquisito de comer no es tan sencillo como parece, especialmente teniendo siempre arroz como el plato central de todo menú. El desafío consiste en armar el pequeño bollo blanco con algún acompañamiento de verdura o pollo sin que se desarme antes de llegar a la boca y sin olvidar calcular el tamaño. Además, por supuesto recordando hacerlo siempre con la mano derecha; la izquierda está reservada para su uso en el baño.
Todo es demasía, desproporción, atropello y desorden como estas impresiones. Cualquier intento de rescate o reconquista es en vano. Más que estar perdido algo se perdió. Un camino una dirección sería lo mas fácil de recobrar, lo que se olvida se puede recordar, lo que se extravía… recuperar, lo que se abandona… reconquistar, pero la pérdidas tienen otras vicisitudes, a lo sumo queda algún desordenado recuerdo, como este que estoy contando aquí.
Qué se perdió?, si solo fueran otras costumbres sería simplemente cuestión de adiestrarse a nuevos hábitos o prácticas y de alguna manera sería mas fácil. Aquí dios está vivo y saludable, los hombres y mujeres se diferencian primero por su casta, la higiene o limpieza no son valores excepto cuando se la venden a un extranjero, el sol marca el tiempo y no porque no tengan relojes, hay más vacas que perros, y todavía quedan prohibiciones.